¿Estudiar música, arte o teatro podría dejar de cualificar para préstamos federales?
Por: Dani Iriza
Estados Unidos acaba de cambiar la forma en que determinará cuáles programas universitarios merecen continuar recibiendo dinero federal.
Y aunque la medida se presenta como una forma de proteger a los estudiantes de carreras costosas que no producen suficientes ingresos, también podría terminar castigando programas de música, arte, teatro, humanidades, psicología, trabajo social, educación y otras profesiones cuyo valor no siempre aparece reflejado en un salario tradicional.
El cambio significa que el gobierno federal comenzará a evaluar cuánto están ganando los graduados de cada programa universitario. Si los ingresos de esos graduados quedan por debajo del nivel establecido por el gobierno durante varios años, ese programa puede perder acceso a los préstamos federales y, bajo determinadas circunstancias, también podría perder acceso a otros fondos federales, incluyendo la beca Pell.
Y cuando llevamos esta medida a Puerto Rico, el problema se vuelve mucho más grande.
¿Cómo funcionará realmente?
El Departamento de Educación utilizará información contributiva para calcular el ingreso medio de las personas que completaron cada programa universitario.
No se evaluará solamente la universidad completa.
Podría evaluarse, por ejemplo:
- El bachillerato en Música de determinada universidad.
- El bachillerato en Teatro.
- El programa de Producción Musical.
- El bachillerato en Psicología.
- La maestría en Trabajo Social.
- El programa de Negocio del Entretenimiento.
- El programa de Bellas Artes.
- La maestría en Consejería o Salud Mental.
Para los programas subgraduados, como certificados, grados asociados y bachilleratos, los ingresos de los graduados se compararán con los ingresos de trabajadores de entre 25 y 34 años que solamente tienen diploma de escuela superior.
En otras palabras, el gobierno preguntará:
Cuatro años después de graduarse, ¿las personas que estudiaron esta carrera están ganando por lo menos lo mismo que una persona de edad similar que solamente terminó la escuela superior?
Si la respuesta es no, el programa puede recibir una calificación negativa.
Para los programas graduados, como maestrías y doctorados, la comparación se realizará con personas que poseen solamente un bachillerato. Dependiendo de la información disponible, también podría considerarse el ingreso de bachilleres del mismo campo profesional.
No se trata de una sola persona que gana poco
El estudiante no tendrá que demostrar antes de estudiar que conseguirá un empleo de determinada cantidad.
El cálculo se hará utilizando el ingreso medio del grupo de graduados del programa.
Eso significa que algunos graduados podrían ganar mucho y otros muy poco. Lo importante será el punto medio del grupo.
Además, los ingresos serán medidos durante el cuarto año posterior a la graduación. El gobierno entiende que cuatro años es tiempo suficiente para que una persona encuentre empleo y comience a establecerse profesionalmente. Sin embargo, numerosas organizaciones señalaron que ese periodo puede ser demasiado corto para profesiones que dependen de desarrollar una clientela, construir una práctica privada, establecer una carrera artística o crear una empresa.
Un programa no perderá los préstamos federales por fallar una sola vez. Tendrá que quedar por debajo del límite en dos de tres años consecutivos en los que sea evaluado. Después de eso, podría ser clasificado como un programa de bajos resultados económicos y perder acceso al programa federal de Direct Loans.
Las sanciones económicas comenzarían durante el año académico que inicia en julio de 2028, aunque gran parte del sistema de recopilación, divulgación y evaluación comenzará antes.
¿El programa perderá la beca Pell?
La beca Pell también puede quedar en peligro si una proporción demasiado grande de los estudiantes o del dinero federal de toda la institución está concentrada en programas clasificados como de bajos ingresos.
La consecuencia principal es la pérdida de los préstamos federales directos.
La universidad podría decidir continuar ofreciendo ese programa y permitir que los estudiantes elegibles reciban Pell, pero sin permitir que pidan préstamos federales para estudiarlo.
La regulación exige que, por lo menos, la mitad de los estudiantes que reciben ayuda federal y la mitad del dinero federal de la institución estén en programas que no hayan sido clasificados como programas de bajos resultados económicos. Si la universidad incumple ese requisito durante dos de tres años, los programas afectados podrían perder acceso a todos los fondos de Título IV, incluyendo préstamos y Pell Grants.
Un estudiante de bajos ingresos puede recibir Pell y aun así necesitar préstamos para pagar matrícula, hospedaje, transportación, alimentos, libros, instrumentos, computadoras, programas de audio, materiales, cuotas, producción y otros gastos.
Si el programa conserva Pell pero pierde los préstamos, muchos estudiantes seguirán sin poder matricularse.
¿Qué tiene que ver Puerto Rico?
Hasta ahora, algunas regulaciones anteriores habían excluido a las universidades de los territorios estadounidenses de determinadas pruebas de ingresos debido a las limitaciones de los datos disponibles.
Eso cambió.
La nueva regulación incluye expresamente a las instituciones de Puerto Rico y de los demás territorios. El Departamento de Educación utilizará información de la Puerto Rico Community Survey para establecer los niveles de comparación, siempre que exista una muestra estadística suficiente. El gobierno federal reconoció que anteriormente había dudas sobre la cobertura de esos datos, pero concluyó que la ley actual no le permite excluir completamente a Puerto Rico.
En principio, una universidad puertorriqueña que matricule principalmente estudiantes de Puerto Rico debería ser comparada con el ingreso de personas que viven en Puerto Rico, no necesariamente con el salario de trabajadores en California, Nueva York o Tennessee.
Eso podría hacer que el límite que debe superar un programa puertorriqueño sea menor, porque los salarios generales de Puerto Rico son menores.
Pero aquí aparece el problema fundamental:
En Puerto Rico un profesional muchas veces gana menos que un cajero en Walmart, BK, Mcdonalds, etc.
El sistema no preguntará necesariamente si el salario permite pagar vivienda, alimentación, transportación y préstamos estudiantiles.
Preguntará si el programa produce un ingreso superior al grupo de comparación.
Por otro lado, aunque el límite local sea más bajo, Puerto Rico tiene un mercado laboral pequeño, salarios deprimidos, alta emigración profesional, empleos temporeros, trabajo por contrato, subempleo y una gran cantidad de graduados trabajando fuera del campo que estudiaron.
La persona puede haberse graduado de música, teatro, psicología o comunicaciones y estar trabajando en ventas, servicio al cliente, administración o cualquier otro empleo.
Puerto Rico ya presenta una señal de alarma
Puerto Rico registró recientemente una tasa de incumplimiento en préstamos estudiantiles de 30.9%, superior a la de todos los estados. En Estados Unidos, alrededor de 9.5 millones de personas se encontraban en incumplimiento y aproximadamente $233,300 millones de la deuda federal estudiantil estaban en esa condición.
El problema también refleja una economía donde una persona puede estudiar durante cuatro, seis u ocho años y aun así no encontrar un empleo con un salario proporcional al costo de su educación.
Y esto afecta particularmente a las profesiones de servicio y a las industrias creativas.
En Puerto Rico no existe una garantía de empleo después de graduarse de música, teatro, cine, comunicaciones, producción, psicología, educación o trabajo social.
En realidad, tampoco existe una garantía para muchas carreras que tradicionalmente se consideran más seguras.
Una persona puede tener bachillerato, maestría, licencia profesional y experiencia, y aun así enfrentar salarios bajos, contratos por servicios profesionales, trabajos temporeros o la necesidad de tener dos y tres empleos.
La nueva política intenta responsabilizar a las universidades por esos resultados. Sin embargo, también termina responsabilizando al programa académico por problemas que pertenecen al mercado laboral completo.
Una universidad puede enseñar correctamente producción musical.
Pero...
No controla cuántos estudios de grabación existen en Puerto Rico.
No controla cuánto pagan las estaciones de radio.
No controla los presupuestos de las compañías de producción.
No controla la cantidad de películas que se filman.
No controla los contratos de los músicos.
No controla cuánto pagan las escuelas por maestros de música.
No controla la informalidad de la economía creativa.
No controla la recesión, la emigración, el costo de vida ni la contratación gubernamental.
La música no produce ingresos como una profesión tradicional
Aquí es donde la medida entra directamente en conflicto con el negocio del entretenimiento.
Una persona que estudia enfermería puede graduarse, obtener una licencia y comenzar a recibir un salario mediante una nómina.
En las industrias creativas, la trayectoria puede ser completamente diferente.
Un graduado en música o negocio del entretenimiento puede generar ingresos como:
- Músico.
- Cantante.
- Compositor.
- Productor.
- Ingeniero de audio.
- Promotor.
- Mánager.
- Booker.
- Creador de contenido.
- Maestro.
- Técnico de sonido.
- Editor.
- Dueño de un estudio.
- Contratista independiente.
- Operador de eventos.
- Diseñador de espectáculos.
- Trabajador de radio, televisión o cine.
- Propietario de un sello o compañía creativa.
Esa persona puede tener cinco fuentes de ingreso diferentes y ninguna aparecer como un salario tradicional de “music business”.
Puede recibir pagos por presentaciones, servicios de producción, grabaciones, regalías, licencias, sincronizaciones, trabajos por contrato, ventas digitales y propiedad intelectual.
El Departamento de Educación indicó que utilizará ingresos W-2 y ciertos ingresos de trabajo por cuenta propia reportados en las planillas federales.
Sin embargo, rechazó una petición para incluir plenamente ingresos reportados en Schedule E, donde pueden aparecer regalías, licencias y residuales de profesionales de la música, el cine y la literatura. El Departamento argumentó que esos ingresos se parecen más a ingresos pasivos o de inversión que a ingresos laborales.
Ese detalle es enorme.
Para el gobierno, una regalía puede considerarse ingreso pasivo.
Para un compositor, productor, músico o creador, esa regalía puede ser el resultado directo de años de trabajo, educación, propiedad intelectual y desarrollo profesional.
Un catálogo musical puede comenzar produciendo muy poco y crecer durante décadas.
Un productor puede tardar años en construir una clientela.
Un actor puede pasar temporadas sin contratos y luego participar en una producción importante.
Un compositor puede recibir una licencia de sincronización considerable en un año y casi nada durante el siguiente.
Un dueño de estudio puede reinvertir una gran parte de los ingresos de su negocio en equipos, publicidad, empleados y mantenimiento. Su empresa puede generar dinero, pero su ingreso personal tributable puede parecer bajo.
El sistema intenta colocar todas esas trayectorias dentro de una medición diseñada alrededor de salarios estables.
El gobierno reconoció que las carreras creativas están en riesgo
Esto no es solamente una interpretación de artistas preocupados.
Durante el proceso de reglamentación, miles de personas expresaron preocupación por el efecto sobre programas de música, bellas artes, teatro, educación temprana y otras áreas.
El propio Departamento de Educación estimó que programas de humanidades, artes liberales y estudios religiosos podrían fallar la nueva prueba a tasas mayores que bajo las regulaciones anteriores. También identificó los bachilleratos en drama y teatro entre los programas que podrían resultar más afectados.
La evaluación federal incluso anticipó que determinadas instituciones dedicadas principalmente a humanidades, música y teatro podrían enfrentar efectos particulares porque una gran parte de sus programas podría quedar clasificada dentro de las categorías con menores ingresos.
También podría no recibir una calificación si el gobierno no cuenta con una cantidad suficiente de graduados para producir resultados estadísticamente confiables.
Pero la dirección de la política está clara:
El acceso al financiamiento federal estará cada vez más relacionado con la capacidad de un programa para demostrar resultados económicos.
¿Quién podrá estudiar arte?
Si los préstamos federales desaparecen de determinados programas, los estudiantes pobres y de clase trabajadora serán los primeros afectados.
Una familia con dinero podrá pagar estudios de música, teatro, filosofía o arte aunque el programa no cualifique para préstamos federales.
Una familia sin recursos no podrá hacerlo.
Por lo tanto, la medida no necesariamente elimina las carreras creativas.
Podría convertirlas nuevamente en carreras disponibles principalmente para las personas que ya tienen dinero, conexiones, estabilidad familiar o capacidad para asumir préstamos privados.
Y los préstamos privados no ofrecen todas las protecciones de los préstamos federales. Su aprobación puede depender del crédito, los ingresos o la presencia de un codeudor.
Una sociedad necesita psicólogos, maestros, trabajadores sociales, historiadores, escritores, actores, músicos, técnicos, productores y artistas.
Muchas de esas profesiones producen valor cultural, educativo, comunitario y económico que no aparece completamente en el salario individual del graduado.
La industria musical no es solamente la persona que canta frente al público.
Detrás de cada producción existen ingenieros, músicos, compositores, arreglistas, productores, técnicos, diseñadores, abogados, administradores, publicistas, promotores y empresarios.
Eliminar o debilitar los caminos educativos hacia esas profesiones no elimina la necesidad de ese trabajo.
Solamente reduce quién tiene acceso a la preparación.
El verdadero problema de Puerto Rico no es que su población estudió demasiado.
Es que la economía no ha creado suficientes empleos estables, empresas, industrias y salarios para retener y recompensar a las personas que formó.
Durante décadas, Puerto Rico utilizó fondos federales para educar profesionales que luego tuvieron que emigrar para encontrar oportunidades.
Ahora el mismo sistema federal podría utilizar los bajos ingresos de esos graduados como justificación para restringir el financiamiento de los programas que los educaron.
Eso crea un círculo peligroso:
Puerto Rico no desarrolla suficientes empleos.
Los graduados ganan poco o emigran.
Los programas aparecen con resultados económicos débiles.
Los estudiantes pierden acceso a préstamos.
Las universidades reducen o eliminan programas.
Puerto Rico forma menos profesionales y creadores.
Y la economía se vuelve todavía más dependiente de talento, contenido y servicios producidos fuera del país.
Dime Tu Mixtape: Entendiendo el negocio del entretenimiento.