El gobierno necesita a Bad Bunny: su impacto económico en Puerto Rico
Po: Dani Iriza
El gobierno necesita a Bad Bunny
Este fin de semana Bad Bunny cierra en Puerto Rico una de las giras más importantes de la música latina y, mientras miles de personas llegan a San Juan para verlo, los números vuelven a demostrar algo que Puerto Rico todavía parece resistirse a reconocer: la música no es solamente cultura. Es una industria.
Según informó El Nuevo Día, el alcalde de San Juan, Miguel Romero, estima que los conciertos de Bad Bunny este sábado 22 y domingo 23 de agosto en el Estadio Hiram Bithorn generarán $24.4 millones en impacto económico, aproximadamente 170 empleos y una asistencia cercana a 60,000 personas durante el fin de semana.
Y mientras eso ocurre, llevamos días escuchando una discusión política bastante peculiar. El senador Carmelo Ríos ha cuestionado que, si Bad Bunny está tan preocupado por la situación de Puerto Rico, por qué no cancela sus conciertos.
¿Perdón?
Bad Bunny no es el gobernador de Puerto Rico.
Cancelar un concierto no produce agua potable, no administra la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, no repara el sistema eléctrico, no fiscaliza contratos públicos y tampoco sustituye las responsabilidades del gobierno. Lo que sí hace un concierto es generar actividad económica. Y mucha.
Un concierto de esta magnitud no es solamente un artista subiéndose a una tarima. Detrás trabajan músicos, técnicos, ingenieros de audio, personal de iluminación, producción, seguridad, transportación, montaje, comerciantes, restaurantes, barras, hoteles, alquileres, estacionamientos y decenas de suplidores. Hay personas cobrando salarios, compañías facturando, turistas consumiendo, negocios vendiendo, IVU, patentes municipales, actividad hotelera y dinero circulando dentro de la economía.
Y no tenemos que especular sobre el efecto. Durante la residencia de Bad Bunny en Puerto Rico, Visa Consulting & Analytics encontró que el gasto general en San Juan aumentó aproximadamente 20%, mientras que las áreas cercanas al Coliseo registraron aumentos superiores al 15% durante los días de concierto. Eso es actividad económica medible.
Por eso resulta contradictorio utilizar la cancelación de conciertos como una especie de prueba de compromiso con Puerto Rico. Económicamente, cancelar el concierto significa precisamente eliminar parte de esa actividad.
“Pero Bad Bunny tiene Ley 60”
Aquí aparece otro argumento que llevo tiempo escuchando: “Bad Bunny no paga nada porque tiene Ley 60.”
Primero, una tasa contributiva preferencial de 4% no significa cero. Y segundo, Bad Bunny no es un inversionista extranjero que llegó a Puerto Rico buscando establecer residencia para acogerse a los incentivos que normalmente dominan esta controversia. Bad Bunny nació en Puerto Rico, vive en Puerto Rico y ha mantenido operaciones comerciales desde Puerto Rico.
Dentro de Ley 60 también existen incentivos relacionados con la exportación de servicios desde Puerto Rico hacia mercados externos, donde determinadas operaciones elegibles pueden estar sujetas a una tasa contributiva preferencial de 4%. Y aquí es donde tenemos que aprender a separar tasa contributiva de recaudo contributivo, porque una tasa pequeña aplicada sobre una actividad económica gigantesca puede producir millones de dólares.
El 4% de $1 millón son $40,000; el 4% de $10 millones son $400,000; el 4% de $100 millones son $4 millones; y el 4% de $500 millones son $20 millones.
Eso no significa que Bad Bunny esté pagando esas cantidades. No tenemos acceso a sus planillas ni conocemos públicamente todos los detalles de su estructura corporativa. Es un ejercicio matemático para explicar un concepto económico: una tasa de 4% no equivale a cero.
Hace poco se reportó otro número impresionante: Bad Bunny se convirtió en el primer artista latino en superar los $1,000 millones acumulados en ventas de boletos de giras. Pero tampoco podemos cometer el error contrario. Mil millones de dólares en ventas de boletos no significan mil millones de dólares depositados en la cuenta bancaria de Bad Bunny.
De ahí salen promotores, venues, producción, sonido, iluminación, músicos, bailarines, transportación, hoteles, seguros, seguridad, comisiones, managers, abogados, contables y cientos de gastos relacionados con producir una gira internacional. Y precisamente ahí encontramos nuevamente el verdadero impacto de la industria: el dinero no solamente llega al artista. Se distribuye alrededor del artista.
Por eso, medir la aportación económica de Bad Bunny mirando exclusivamente cuánto paga personalmente en contribuciones sería analizar solamente una pieza de una maquinaria económica mucho más grande.
El gobierno también gana cuando Bad Bunny gana
Aquí está la parte que parece desaparecer del debate político. Cuando Bad Bunny genera dinero desde Puerto Rico, el gobierno puede recaudar por diferentes vías. Pero cuando Bad Bunny gasta dinero en Puerto Rico, también genera actividad contributiva.
Cuando contrata una compañía, paga empleados, produce un espectáculo o alquila una instalación, hay actividad económica. Cuando miles de personas compran comida, pagan estacionamiento, reservan habitaciones de hotel o consumen en restaurantes, hay actividad económica. Cuando una compañía local factura servicios relacionados con una producción, también hay actividad económica.
Por eso existe una diferencia enorme entre preguntar “¿Cuánto paga Bad Bunny en contribuciones?” y preguntar “¿Cuánta actividad contributiva genera la economía alrededor de Bad Bunny?” Son dos preguntas completamente diferentes.
Y todavía falta una parte fundamental del negocio: la propiedad intelectual.
Los conciertos son solamente una pieza. Bad Bunny también genera actividad económica mediante streaming, publishing, regalías, licencias, sincronizaciones, patrocinios, mercancía, campañas publicitarias, marcas y propiedad intelectual.
Una canción creada en Puerto Rico puede generar dinero mientras alguien la escucha en Japón. Una composición administrada desde Puerto Rico puede generar regalías desde Europa. Un productor puertorriqueño puede crear música desde Puerto Rico para un artista internacional. Una compañía creativa puede vender servicios desde Puerto Rico al resto del mundo.
Eso es precisamente lo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de desarrollo económico. Puerto Rico también exporta propiedad intelectual. No necesitamos meterla en un barco.
Una industria frente a nuestros ojos
Y Bad Bunny es solamente el ejemplo más grande.
Puerto Rico ha producido a Daddy Yankee, Rauw Alejandro, Wisin y Yandel, Ozuna, Myke Towers, Young Miko, Anuel, Mora, Eladio Carrión, Luis Fonsi, Kany García, Tommy Torres, Residente y generaciones completas de productores, compositores, músicos e ingenieros.
A eso se suman compañías de manejo, promotores, estudios, sellos, editoras, compañías de producción, venues y empresas de servicios creativos. Eso es un ecosistema industrial. Sin embargo, todavía hablamos de la música muchas veces como si fuera solamente entretenimiento.
Otros lugares entendieron esto hace décadas. Nashville convirtió la música en parte central de su desarrollo económico. Los Ángeles construyó alrededor del cine y la televisión una enorme economía de propiedad intelectual. Nueva York convirtió Broadway en un motor turístico y cultural. Florida desarrolló alrededor del entretenimiento y sus grandes atracciones una economía que beneficia hoteles, restaurantes, aerolíneas, comercios y transportación.
En todos esos casos, el producto principal es solamente el comienzo. El verdadero impacto económico está en todo lo que ocurre alrededor del producto. Puerto Rico tiene esa oportunidad frente a sus ojos.
Bad Bunny no es el gobernador de Puerto Rico
Y entonces llegamos nuevamente a la pregunta política.
Mientras políticos cuestionan qué debería sacrificar Bad Bunny por Puerto Rico, también deberíamos preguntar qué está haciendo el gobierno con los recursos que ya administra. Porque Bad Bunny no solamente produce conciertos. Su Good Bunny Foundation lleva años desarrollando iniciativas para jóvenes puertorriqueños.
Este mismo 2026, su programa gratuito Un Verano Contigo reúne a 270 jóvenes en experiencias relacionadas con música, producción, arte, moda, deportes y otras áreas de desarrollo. Ha habido iniciativas relacionadas con instrumentos musicales, deportes, espacios recreativos y oportunidades para jóvenes. Todo eso proviene de una organización privada.
Entonces, ¿por qué convertir al artista en responsable de resolver problemas que corresponden al Estado?
Bad Bunny puede criticar al gobierno, protestar y hacer conciertos. Puede generar millones de dólares, beneficiarse de incentivos contributivos si legalmente cualifica para ellos, donar dinero y desarrollar programas sociales. Puede hacer todas esas cosas simultáneamente porque, nuevamente, Bad Bunny no es el gobernador de Puerto Rico.
El gobierno necesita a Bad Bunny
Y aquí llegamos a la parte incómoda.
Puerto Rico tiene mucho que ganar manteniendo dentro de la isla a personas y compañías capaces de exportar millones de dólares en servicios y propiedad intelectual. Queremos que produzcan aquí, que contraten aquí, que establezcan compañías aquí, que graben aquí y que desarrollen talento aquí. Queremos que celebren conciertos aquí, que los turistas vengan aquí y que el dinero internacional entre a Puerto Rico.
Ese debería ser uno de los objetivos de cualquier estrategia seria de desarrollo económico.
Por eso quizás hemos estado haciendo la pregunta equivocada. No es solamente ¿cuánto Bad Bunny necesita a Puerto Rico? También deberíamos preguntar: ¿cuánto necesita Puerto Rico que Bad Bunny continúe haciendo negocios desde Puerto Rico?
Este fin de semana tenemos una pequeña respuesta: $24.4 millones en impacto económico, 170 empleos y cerca de 60,000 personas en dos días.
Y eso es solamente un evento.
Puerto Rico lleva décadas exportando algunos de los artistas más importantes de la música latina, pero todavía no termina de tratar la música como lo que realmente es: una industria de exportación, propiedad intelectual, turismo, empleo y desarrollo económico.
Quizás el problema nunca fue que Puerto Rico no tuviera una industria capaz de producir riqueza. Quizás el problema es que nunca aprendimos a verla como una industria.
Y mientras algunos políticos preguntan por qué Bad Bunny no cancela sus conciertos, los números cuentan una historia completamente diferente.
El gobierno necesita a Bad Bunny mucho más de lo que algunos están dispuestos a admitir.
Dime Tú Mixtape — Entendiendo el Negocio del Entretenimiento.